Lo sé, a menudo todo parece una montaña, de esas que se ven lejanas e inaccesibles y por unos segundos sueñas con pertenecer al selecto grupo de las infatigables alpinistas, a quienes no hay reto que se les resista, ni cima a la que no puedan ascender.

Pero te voy a contar un secreto.

Tú, también eres una de ellas. 

No te sorprendas, ni suspires como si mi secreto fuera el mayor de los sin sentidos que hayas escuchado nunca. Te lo digo de verdad, y segura de no equivocarme. 

Tú escalas montañas, día a día, a veces son accesibles, otras  das un paso más y subes hasta los  2000 m e incluso, me han dicho , que te has arriesgado y te lanzaste a por un 4000 m. ¿Pero no te diste ni cuenta de nada de todo esto, verdad?, estás tan obsesionada con ese lejano 8.000 m, que te perdiste las maravillosas vistas de los caminos por los que ya pasaste o de las cimas que ya alcanzaste.

Y ahora te voy a decir otra cosa, y ésta puede que no te guste tanto oírla, pero es posible que esa cima que tanto miras no la consigas nunca.

Lo sé, no esperabas que te dijera eso, pero es la verdad. Los 8.000 están reservados para una minoría y si te paras un momento, y lo piensas bien, entenderás que tiene que ser así. Ellos sólo se dejan conquistar por aquellas que los desean de verdad, por las que no tienen miedo a fracasar, ni a intentarlo una y otra vez. 

Y es que los 8000 no son simples montañas ni son una cima más, ni ellas unas alpinistas cualquiera. No. Ambos cumplen una misión. Son los encargados de hacernos soñar, de enseñarnos que  las cosas que de verdad importan no son fáciles, ni gratis y requieren mucho esfuerzo, sacrificio, entrenamiento y  humildad para no rendirse.

Así que sí, pequeña alpinista. Si quieres intentarlo primero baja la mirada  y fíjate en lo que tienes  a tus pies, hasta donde  has llegado. Sé consciente de las cicatrices que ya tienen tus piernas y los nudos que carga tu espalda y habla con ellos,  porque ellos saben mucho más de ti y de ese afán por continuar subiendo de lo que te imaginas. Y si cuando acabas aún sientes que debes seguir, si al mirar a lo lejos la pasión reaparece, tus pies avanzan de nuevo y sientes que tus nudos te sujetarán bien fuerte cuando tropieces, entonces sí, es el momento de decirte otro pequeño secreto.

Tú, también eres una de ellas.