Ya es lunes. Una semana más. Otra semana que me planteo como la que será la definitiva para salir del bloqueo en el que llevo ya un tiempo.

Seguro que a más de una de vosotras os resuena lo que os cuento. Hace ya tiempo que sé donde quiero ir (estoy hablando de evolución profesional) pero no acabo de empezar a andar. Ya tengo toda la equipación para empezar la maratón pero no me decido a dar el primer paso. Ahora que llega la hora de la verdad, llegó también el miedo. Me pregunto a qué tanto miedo, y lo único que me viene a la cabeza es la palabra “fracaso”.

Y entonces me pregunto, qué sería lo peor que puede pasar si fracaso, porque soy consciente que incluso si fracasará avanzaría. Pero nada, mis pies no se mueven.

Llevo semanas buscando inspirando, leyendo a personas que me inspiran que me hacen creer que es posible y que me aportan valor. Pero el subidón no es suficiente potente y se esfuma al cabo de los días.

Así que he decido  no darme más margen. He de admitir que sola no puedo. Necesito que alguien me de la mano o como mínimo me de empujones cada vez que me quedo enganchanda en una espirar de dudas y miedos.

No quiero dejar pasar más días, me aburro a mi misma en este limbo de pasividad improductiva, así que voy a buscar una mentora que me ayude. Hace tiempo que aprendí que pedir ayuda es la mejor de las opciones cuando tú eres tu peor enemiga.

Tengo dos en mente y a una ya le he escrito. Cuando me decida os lo cuento y os explico que pretendo con esta decisión y si funciona por si alguna está en mi misma situación y le puede servir.

Vamos a por la semana!!!

Miriam