Este post es sólo una pequeña reflexión de algo que llevo un tiempo pensando.

Allá voy! esto no es algo nuevo, nos ha pasado a todas muchas veces, pero hoy me ha llamado especialmente la atención.

Esta mañana cuando he salido a comprar cuatro cosas al lado de casa me he cruzado con 3 personas que estaban enfadadas. Tan enfadadas que no les ha importado que un desconocido (yo) que pasaba a su lado, o estaba en la misma tienda, se enterara de su situación y de lo que  explicaba a otra persona. El problema no es que haya muchas personas enfadadas cada día (que lo es), sino que siento que la mayoría de personas se recrean en ese sentimiento, como si no quisieran salir de él sino todo lo contrario, quisieran que se hiciera grande. Quizás piensan que estando más tiempo enfadados o haciendóselo saber a más personas tendrán más motivos para seguir viviendo ese sentimiento o simplemente tendrán más motivos o más razón.

La verdad es que no sé porque estaban enfadados cada uno de ellos, pero estoy prácticamente segura que no valía la pena perder ni tanto tiempo ni tanta energía en algo que nace de un sentimiento negativo. Hay tantas cosas bonitas en las que fijarnos, tanto por vivir, tanto por compartir que no deberíamos malgastar ni uno de nuestros minutos en alargar un simple enfado. ¿Por qué si cuando un niño se enfada intentamos rápidamente que se olvide del motivo de su enfado  y vuelva a estar feliz  cuando crecemos nos olvidamos de hacerlo?.

Sé por experiencia personal que esa actitud es especialmente tóxica, porque cuando te rodeas de personas que se sienten bien en el enfado, que buscan el conflico y se recrean en él acabas viviéndolo como algo normal y poco a poco lo introduces en tu vida sin darte cuenta.

En el caso de los niños es mucho más preocupante, hace poco viví una experiencia que me hizo pensar mucho en este tema desde el punto de vista de la educación. Durante mis vacaciones he estado con Maria, la hija de 3 años de unos amigos,  como todos los niños de esta edad es muy muy sensible, su cerebro izquierdo aún no está totalmente activado y lo vive todo desde el derecho donde reinan los sentimientos y la emotividad. Al pasar tiempo con ella me di cuenta que algo iba mal. Maria no estaba como siempre, cogía rabietas con mucha facilidad pero lo que más me llamo la atención es que al jugar con ella (a lo que fuera; madres e hijas, tiendas, médicos) en algún momento del juego recreaba una discusión, no porque se enfadara de verdad sino porque ha asimilado que discutir es normal y que enfadarse es un sentimiento positivo que esta bien imitar hasta el punto que lo introduce en sus juegos. Sólo hizo falta alzar un poco la mirada para ver de donde salía el referente, sus padres no están pasando el mejor de sus momentos y las discusión y los enfados forman parte de su día a día. Algo que debería ser la excepción para María es la norma y como tal lo ha incorporado en su vida. Fue muy triste verlo.

No puedo evitar sentir mucha pena por situaciones como las que os comento, me ponen muy triste y me afectan hasta el punto que no a veces se me va de las manos y  no soporto a mi alrededor actitudes “gruñonas o enfadicas”. Mi marido me dijo el otro día que era “la Broncas de los Broncas” porque siempre que alguien a quien quiero estaba enfadado o gruñón regaño por estarlo.  Obviamente ésta no es la actitud correcta y desde que me lo dijo he pesando mucho en ello y voy a cambiarla (especialmente con él 😉 ), pero es que me da tanta rabia ver como alguien pierde parte de un tiempo que podría ser alegre y bonito en revivir algo que ya ha sucedido, que pertenece al pasado, que quizás lo tenga que solucionar todavía, pero seguro que alargando el enfado no conseguirá nada de nada.

En fin, que no quería dejar pasar el 1 de Septiembre para proponeros un objetivo para el nuevo curso: enfadarnos menos veces, menos tiempo y con menos “interés” y a cambio utilizar todas esa energía para crear o vivir algo mucho mejor desde un sentimiento mucho más positivo y constructivo ¿qué os parece, os apuntáis?