Últimamente me siento como una marciana que acaba de aterrizar en la Tierra. Un poco como el anuncio de Navidad pero sin la parte bonita de la historia.

Siento que vivo en medio de cientos de mensajes, miles de imágenes y montones de personas diciendo cada una la suya y sin darse cuenta que se repiten unos a otros sin parar y sin saber de donde sale lo que dicen o quien fue el primero en decirlo. Me aburre de una manera ya preocupante y me preocupa hasta aburrir. O lo que es lo mismo hasta hartarme.

Estoy harta de tanto politólogo de pacotilla que por no molestarse no se han leído ni el más básico manual de ciencias políticas ni mucho menos se han molestado en estudiar  el tema del que hablan, pero eso sí cuando hablan lo mínimo que esperan es sentar cátedra.

Estoy harta del dichoso Black Friday, ya no sé ni cuantos “Fridays” caben en un mes. Pero lo que de verdad me saca de mis casillas  es que nos vendan el Black Friday como si  las marcas fueran hermanas de la caridad, que por buenas e infinitamente compasivas  una vez al año se ponen en nuestra piel  de  pobres y miserables compradores y  haciendo una obra benéfica casi nos regalan sus servicios y productos por un día.  Recordándonos hasta la saciedad  no sea que por despiste o desagradecimiento dejemos pasar la oportunidad y no vayamos en masa a comprar sin pensar si lo necesitemos o no. Porque eso al final es un simple matiz o detalle sin importancia.

Estoy harta. No harta no, lo siguiente. En este tema he pasado ya de pantalla porque no entiendo como puede ser que a estas alturas alguien tenga que decir #noesno. Estamos locos o qué?. Y por si eso no  fuera suficientemente grave esta semana salen las estadísticas sobre la percepción que tienen los jovenes sobre la  violencia de género  y ¡¡¡sorpresa!!!  uno de cada cuatro considera normal la violencia de género. No sé ni que decir. Me quedo muda. ¡¡ Como lo podemos estar haciendo tan mal!! Si nos lo proponemos no nos sale.

Así que lo reconozco, estoy harta. Pero da igual si yo estoy más o menos cansada o cabreada  porque es cuestión de tiempo que no podamos ni respirar y que consigamos lo que parece ser el objetivo final, destrozarlo todo sin remordimientos, porque sino no encuentro explicación a que este año hayamos batido el récord de concentración de CO2 en la atmosfera eso sí, por favor no nos olvidemos de llevarnos las manos a la cabeza y de llenar nuestras redes con mensajes de solidaridad cuando con el próximo tifón, huracán o lluvias torrenciales mueran cientos o miles de personas mientras nosotros calentamos nuestras casas con la calefacción por no ponernos un jersey que nos abrigue más o vamos en coche a la siguiente cita por no caminar o compremos productos embasados en plástico sin pensar ni por un segundo en que ha causado esa misteriosa subida de CO2.

Y lo peor de todo es que estoy harta de estar harta y esto sí que no sé como solucionarlo, pero no pierdo la esperanza.