Me quedé pensando si era tan simple como tú lo planteaste. La respuesta que pedías era un simple sí o no.
O lo estás o no lo estás.
Y no paro de dar vueltas a qué es estar lo máximo enamorado que uno puede estar.
Y entonces me doy cuenta que probablemente ni siquiera tengamos claro que es estar enamorado.

¿Te refieres a sentir que eres capaz de hacer cualquier cosa por la otra persona, a priorizar al otro por encima de todo y de ti? ¿Te refieres a que cuando te mira o te habla sientes que no hay otro sitio en el mundo en el que quieras estar? ¿Eso es estar todo lo enamorado que uno puede estar?

Yo entendí tu pregunta así, porque ahí es donde estuve yo una vez, pero no sé si es el mismo sitio del que hablas tú. Y tampoco sé si ese era el lugar del enamoramiento más grande que podamos sentir, lo que sí sé, es que no es el lugar del amor más sincero en que uno puede estar.

Supongo que aquí entrarían otros asuntos menos románticos y más reales, temas de prioridades, de tiempos, de crecimiento personal o de proyectos compatibles. No sé. Hay tantas cosas que sin darnos cuenta (y puede que sin llegar ni a pensarlas un segundo) hacen que estés donde estás o que decidas lo que decides, y supongo que estas premisas por frías y racionales nos alejan del idílico paraíso del enamoramiento ciego y absoluto por el que me preguntabas.

Pero te diré una cosa, yo estuve ahí y no es tan bonito en realidad, es más frío de lo que parece y no hay primaveras ni otoños, sólo veranos o inviernos. No ves como crecen las frutas simplemente aparecen o mueren. La felicidad es adictiva en los veranos pero el invierno te agrieta hasta las capas más profundas de tu piel. Y al final, puede que no haya suficiente sol para cicatrizar esas heridas.

Pero no me hagas caso, seguramente ni siquiera hablábamos del mismo lugar cuando me preguntaste si había estado ahí. Lo que si sé es que prefiero vivir en un lugar con cuatro estaciones. Puede que simplemente sea cuestión de lo que tú llamaste “fases de maduración” con Júlia.

Quien sabe.