El otro día hablaba con un amigo de los trucos que utilizamos para enfrentarnos a los momentos de dudas, en como recurrimos a la lectura de “las señales” para saber que tenemos que hacer. Es un truco muy simple, consiste en transferir la responsabilidad de la decisión a una coincidencia que llamamos “la señal”, por ejemplo; “si antes de que acabe la semana pasa X quiere decir que sí tengo que hacer tal cosa” o “si me pagan la factura que me deben antes de finales de esta semana quiere decir que me tengo que comprar la guitarra”…

En realidad es una táctica de autoengaño ya que si la señal no aparece en el primer intento insistimos con señales paralelas, hasta que llega un momento que o aparece la señal que buscas o aceptas que claramente eso no va a pasar!!!

Os cuento esto porque la semana utilice el método de “las señales” para enfrentarme a un tema que me tenía muy agobiada. Tenía que solucionar la logística de la familia para el curso que viene. Desde que nació Bruno yo me he ocupado de él (su padre tuvo que incorporarse al trabajo a las dos semanas), pero a partir de Septiembre necesito mínimo media jornada para trabajar y estudiar.

La primera opción que nos planteamos fue contratar a una mujer para que nos ayudara y teníamos una candidata. Pero no me sentía cómoda, sabía que no era nuestra solución. Me pasé dos días llamando a guarderías y nada, ninguna señal en el horizonte que me indicara cual era esa solución.

Hasta que el jueves (después de una noche sin apenas dormir) me levanté recordando la frase “deja de hacer lo mismo si quieres que pase algo diferente”. Y eso es lo que hice. Dejar el ordenador y el teléfono y salir a la calle a buscar señales que me llevarán a la solución. Si ellas no venían a mi, yo iría a por ellas.

Así que Bruno y yo teníamos una misión. Sabía cual era nuestro objetivo pero quería tener clara la lista de requisitos para no confundirme con “señales tramposas” que sólo me llevarían al cansancio y desánimo. Me hice una lista mental con “los requisitos que quiero que cumpla el espacio donde cuiden a Bruno” ( sin limitaciones por ideas preconcebidas).

Y ésta es la lista que salió;

– un espacio donde al dejar a Bruno me sintiera segura

– donde las cuidadoras se pudieran encargar de todos los bebes cómodamente (lo que quería decir que el ratio no podía ser de más de 4 niños por cuidadora)

– cerca de casa

– horario flexible

– y puestos a soñar que le hablarán en segundo idioma (inglés)

Decidí empezar a buscar por guarderías internacionales en el barrio ya que eso limitaba mucho la búsqueda (yo sólo conocía una) y fui hacía allí.

Al llegar a la puerta vi la primera señal;

“espacio para niños de 18 meses a 5 años”,

lo que directamente nos descartaba. La primera señal en la frente.

Estábamos dando la vuelta para volver a casa cuando la puerta de la guardería se abrió y salió una mujer con su hijo, rápidamente me aferré a que esa era la señal que estaba buscando y le pregunté dónde había llevado a su hijo el curso anterior. La mujer se quedó sorprendida y me explicó que no le había llevado a ninguno porque habían llegado a España justo este año , mi señal parecía un segundo fracaso hasta que empezó a hablarme de otro espacio que estaba en la calle de detrás. Sentí de golpe un poco de aire en la cara, como si una ventana se acabase de abrir. Allí estaba la señal que estaba buscando.

Fui directa a la guardería, piqué y al abrirme la puerta vi un pequeño espacio con unos 8 niños jugueteando. Pregunté si era posible que alguien me informarse en ese momento sobre el funcionamiento de la guardería y en poco minutos apareció Jenny, la directora, que en su perfecto inglés londinense me explicó todo. No me lo podía creer, pensaba que simplemente no estaba entendiéndola bien.

– 12 niños máximo

– 4 cuidados (3 niños por cuidadora)

– flexibilidad horaria

– a 10 minutos andando de casa

– y sólo hablaban a los niños en inglés y holandés (en nuestro caso se dirigirían a Bruno en Inglés).

Era tan perfecto que ya estaba espera el famoso “pero”, o no tendrían plazas o no lo podríamos pagar. No sabía que preguntarle primero y por un momento deseé que me dijera que no quedaban plazas porque eso me dolería menos que no poder acceder a la guardería por su precio, y además sabía que ninguna de las que viese después me parecerían suficientemente buenas. Quedaba 1 plaza, así que llegó el momento de la verdad, ¿estaba pidiendo demasiado?

Y sabéis que, que resultó que no. El precio entraba dentro de nuestro presupuesto, hasta era más económico que contratar a una mujer que se encargará de Bruno 4 horas.

Con todo esto he aprendido que no hay que ponerse límites, y mucho menos sin intentarlo antes o basados en ideas preconcebidas. Hay que moverse, hay que buscar y sobretodo hay que creer que es posible. Y sólo entonces puede que las señales aparezcan y que tengas que atreverte a seguirlas.

No siempre pasa, ojalá, pero sé que no es así. Pero a veces sí, y sólo por esas veces vale la pena intentarlo, ¿no crees?

Y vosotras, ¿creéis en las señales?