Esta semana tenía pensado publicar sobre otros temas pero la verdad es que cuando ha llegado el momento de escribir sobre ellos no me he sentido identificada. No era su momento, son días difíciles y sobretodo muy tristes. No importa lo que pensemos cada una de nosotras. De verdad que no importa, si eso lo pasamos por encima del respeto, de las ganas de conectar y de intentar entendernos.

Empecé la semana llena de pena por lo que viví en mi ciudad y la seguí llorando al ver como crecía la rabia, el enrocamiendo en cada posición y se diluían las posibilidades de entendimiento.

Ahora que soy madre, no puedo evitar plantearme en que tipo de sociedad estoy criando a mi pequeño, que valores le quiero transmitir y si será posible hacerlo aquí porque lo que tengo muy claro es que su educación va mucho más allá de lo que hagamos en casa, esto va de tribu y de todo lo que hagamos juntos. Y la verdad que esta semana me daban ganas de irme a lo alto de una montaña con Bruno.

Pero los días pasan y mi optimismo nato vuelve a sacar la cabecita timidamente e intento creer que esto ha sido un golpe fuerte del que todos podremos sacar algún aprendizaje o poner en valor algunas cosas que damos por obvias y seguras. No tienen porque ser las mismas para todas, pero seguro que todas podemos crecer un poco con lo sucedido.

En fin, sólo quería compartir un momentito con vosotras y explicaros el porqué del silencio de estos días. Ahora llega el fin de semana y espero poder compartirlo con mi gente, volver a reír, a vibrar con algo que me cuenten y a sentir que la vida y el ser humano vale la pena aunque a veces nos obstinemos en mostrar nuestra peor cara.

Hoy os dejo con una canción de Damien  Rice que esta semana he escuchado varias veces.

Os deseo un bonito fin de semana!