6.15 de la mañana he leído la prensa, me he tomado un zumo y el sol aún está por salir. Lo mejor del nuevo piso (o lo que más me gusta a mí) es un pequeña galería anexa a nuestro dormitorio, no tiene ninguna utilidad así que la quiero llenar de plantas para crear mi pequeño invernadero. Me he traído el ordenador a la cama para aprovechar este momento y escribiros antes de que Bruno de por iniciada la jornada.

El otro día fuí a ver una exposición sobre Adolf Loos, uno de los primeros arquitectos del movimiento moderno. De Loos me interesan esencialmente dos cosas: su rechazo a la decoración superflua a favor del funcionalismo y la simplicidad de las fachazas de sus viviendas para poner el foco en el interior como parte importante del proyecto.

La gente que me conoce sabe que desde siempre el espacio donde habito o donde trabajo es un tema que me importa y al que le dedico mucha atención. Creo firmemente que el espacio nos afecta, y que tiene la capacidad de aportarnos o quitarnos energía, por lo que es importante que esté en sintonía con nosotras y nuestras necesidades.

Puedo renunciar a muchas cosas que la mayoría de la gente considera necesarias (ascensor, microondas…) pero no puedo vivir en un espacio sin alma, necesito que tenga personalidad y carácter. Me entristece la idea de vivir en un lugar que fue creado sin ninguna intención o pretensión, los percibo como pisos grises con la capacidad de tintar mi vida de su mismo color.

“La arquitectura despierta el sentimiento en el hombre. Por lo tanto la tarea del arquitecto es hacer que esos sentimientos sean más precisos”.

Adolf Loos

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Al final supongo que es algo tan simple como creer que somos algo que va mucho más allá de nuestro propio cuerpo. Somos, entre otras muchas cosas, lo que comemos, lo que leemos y por supuesto lo que habitamos.

Feliz fin de semana,

Miriam