Como ya os comenté en los post anteriores he entrado en una fase donde los objetivos ya están focalizados pero ahora toca darles forma e ir a por ellos.

La verdad es que no siento que sea nada fácil lo que me queda por delante y a menudo pienso que no tengo lo que se necesita para conseguirlo y aparecen dudas e inseguridades.

Así que llegados a este punto he decido basarme en tres pilares para intentar sortear con suerte los momentos de miedos y parálisis (porque realmentente ya no me queda tiempo para ellos).

Estos son los tres pilares en los que intentaré sujetarme cuando los vientos aprienten.

Por un lado como os comenté voy a trabajar con Nuria Perez en un programa con el que trazaremos una especie de mapa de mi vida. El objetivo es saber donde estoy pero sobre todo donde quiero estar. Con este pilar pretendo tener el objetivo bien enfocado a medio y largo plazo, porque considero que es importante para no perderme en neuras ni bucles en los que es fácil caer cuando hay que tomar decisiones.

El segundo pilar es haber conseguido, por fin, tener el proyecto profesional muy trabajado y definido. Por fin lo he conseguido y tengo que reconocer que he necesitado bastante más tiempo del que me esperaba y muchos más descartes de los que me hubiera imaginado. Pero ahora ya lo tengo y es realista, factible y sobre todo algo que me hace muy feliz.

Y en este punto entra el tercer pilar. El tema de la felicidad. De una manera o otra ha estado presente desde el principio de todo este proceso, pero he tardado meses en enfocarlo y verlo con nitidez. Llegar a saber que el problema que me había llevado hasta donde estaba era una discordáncia entre mi vida real y mi  vocación y valores ha sido un trabajo complicado. Supongo que en el fondo me resistía a admitirlo porque hacerlo era decirme a mi misma “Miriam qué te has hecho” y a nadie le gusta hacer daño y menos a uno mismo. Así que si algo tengo claro es que haga lo que haga de ahora en adelante esto no puedo olvidarlo. Hasta aquí todo parece fácil pero, al menos para mí, dar forma e identificar cuales son esos valores irrenunciables y sobre todo cual es mi vocación ha implicado mucho trabajo de introspección, autoanálisis y aceptación. Pero ahora lo sé, y tengo claro que necesito sentirme útil con mi trabajo, necesito formar parte de proyectos que importen a la gente, que aporten a las personas. Quiero trabajar con personas que cuando les mire  y me expliquen en que puedo ayudarles les brillen los ojos y vea sueños e ilusiones en ellos y no sólo ambición o conformismo. Sé que los próximos años van a ser de mucho trabajo, de renuncias y de incertidumbre pero lo acepto porque ahora sé lo que quiero,  sé que es lo que se me da mejor y donde puedo ayudar más y sobre todo sé que me hace ir a dormir feliz y tranquila. Así que por el momento (y espero que para siempre) se acabó el mundo de las multinacionales, se acabo el mundo de los negocios fríos e impersonales y entro de nuevo (como años atrás) en el mundo de las ilusiones, de las ganas y de los proyectos con nombre y, sobre todo, con alma propia.

Esto es todo lo que os quería explicar hoy. ¿Alguna de vosotras ha pasado por aquí ya? ¿Algún consejo? Soy toda oidos.

Miriam

Por cierto, mi intención es poder publicar una vez a la semana y poco a poco ir explicando, entre otras cosas, toda esta parte del emprendimiento de un proyecto personal porque creo que os puede interesar a alguna de vosotras e incluso con las que estáis en un proceso parecido podemos ir comentando ¿cómo lo veis? ¿os apetece o pasáis de este tema?