Ya estamos de vuelta.
Planeas, piensas y organizas los viajes durante tanto tiempo que cuando pasan casi no te das ni cuenta y parece que vuelves a estar en el punto de partida, como si nada hubiera pasado. Pero la realidad es que nunca vuelves a la misma casilla desde la que saliste, porque algo ha cambiado, algo ganaste y puede que algo perdieras también.

Eso es lo que parece que nos ha pasado en este viaje, teníamos muchas expectativas, esperábamos que al llegar algo nos gritase con fuerza y nos enseñara cual era nuestro sitio. Qué ingenuos, verdad?

No ha sido así, el tipo de decisiones que queremos tomar no son fáciles, como ya dije requieren de grandes dosis de casualidad, valentía y sinceridad.

Y la casualidad se dio sólo medias, la valentía parece que de momento no está en las proporciones necesarias y sólo nos queda la sinceridad con nosotros míos.

No me mal interpretéis, no os estoy diciendo que la aventura haya acabado antes de empezar. Nada de eso, porque de una manera o de otra esto es un viaje de no retorno seguro.

Tenemos que cambiar. Queremos cambiar.

No es que no seamos felices con nuestras vidas, porque lo somos, pero no nos conformarnos con lo que tenemos. No creáis que llegar simplemente a este punto ha sido fácil porque de verdad que no lo fue, de hecho este maremoto nos arrasó sin saberlo hace un año cuando sin verlo venir de un día para el otro mi cuerpo dijo basta y me frenó en seco. Me costó mucho asimilar que no había sabido leer las señales y que me había tenido que dar de bruces con la realidad para entenderlas. Pero sea como sea, ahora estamos aquí, queriendo leerlas, intentando interpretarlas correctamente y esperando saber seguir el camino que nos marcan sea el que sea.

Os escribo esto a las 5 de la madrugada, después de 2 horas de intentar dormir a un bebé con jet lag y de darle vueltas y vueltas a otra decisión que estoy tomando y que condicionará mi tiempo del próximo año.

Os cuento. Como ya sabéis he trabajado los últimos años en multinacionales, los 8 últimos en el sector a la relojería y joyería de lujo, mi puesto (entre otras funciones) era los que ellos llaman SOMM, que no es otra cosa que el/la manager encargada de gestionar los equipos para implantar, coordinar y crear las acciones de marketing on y off line y CRM de la delegación de manera alineada con los planning internaciones. Explicado así no suena muy interesante pero tengo que deciros que a mi me encanta, de hecho me apasionaba, y por eso quiero aprovechar este paro que me he dado para formarme mejor en este ámbito ya que todo lo que sé ha sido por las formaciones dentro de la empresa o de manera autodidacta para poder superar el reto que tenía delante y aprovechar la oportunidad profesional que se me ofrecía. Ya he decidido el master que voy a hacer pero ahora estoy con las dudas de saber en cuanto tiempo lo quiero hacer o mejor dicho cuanto tiempo le voy a poder dedicar.

Os comento y si alguna se ha visto en una situación similar por favor que me diga cual fue su experiencia.

El master es de dos años pero dan la posibilidad de hacerlo en 1 año. Ya me han comentado que hacerlo en uno implica una dedicación exclusiva y yo siendo madre no la voy a tener, pero también es verdad (y aquí aparece mi duda) que este año voy a poder organizarme mejor que ningún otro, puesto que como sabéis este año me lo he tomado sabático, mientras que el que viene tendré que compaginar la maternidad, con el trabajo y el master… Entonces la duda es ¿qué es más loco hacer 1 año salvaje de estudio y bebé? o ¿hacerlo en dos años y juntar un niño de 1 año, un nuevo trabajo (que esa será otra aventura) y acabar el master con el trabajo de fin de master y las prácticas? La verdad es que tal y como lo voy escribiendo parece que la decisión ya está casi tomada, no?

Bueno creo que por hoy ya os voy a dejar porque el jet lag del bebe acaba de volver a aparecer y se ha despertado como si fueran las 12 de la mañana… Desearme suerte con el día tannnn largo que me espera…